LA CELDA 34 ¿QUIÉN SOY?

por | Feb 2, 2021 | Relatos | 4 Comentarios

LA CELDA 34 (PRIMERA PARTE)

Todo se cocía en la celda 34, las ordenes y directrices del estilo de vida penitenciario se forjaban en esa habitación, la más lujosa de toda la cárcel. Todos los presos temían al morador, si le eran fiel cumpliendo con sus reglas, les brindaba protección y diversos beneficios, como algún cigarrillo, conseguirles llamadas extra al exterior o vis a vis sexuales bajo manga entre otras muchas cosas.

Pero, ¿quién era aquel preso tan idolatrado por el miedo? Nadie lo sabía, tan solo lo conocían sus subordinados más cercanos, quienes manejaban todos los engranajes del funcionamiento de la prisión. El de la celda 34 se había llegado hacer con el control de los funcionarios, amenazados de muerte ellos y sus familias en el exterior, eran esclavos de sus peticiones.

En el patio, la intriga de que podrías estar al lado suyo, incrementaba el pánico de poder decir o hacer algo que inquietase al incógnito preso, se respiraba auténtica represión, una mayor sensación de encarcelamiento en la propia prisión, anulados los pocos derechos fundamentales de los presos.

La celda 34

La cárcel había sido bautizada como el Infierno 34 por aquellos presos que habían conseguido ascender al cielo con su libertad. ¿Qué hizo el incógnito encarcelado para que esa cárcel logrará ganarse ese mote conocido a nivel nacional? Se estima, que su vida en prisión asciende a los cuarenta y cinco años. Siendo así, es el mismo tiempo desde que murió Francisco Franco, dictador de España ¿Quizá era alguien relacionado con la dictadura y que por su posición habría alcanzado ese estatus en la cárcel? o quizá, podría ser que fuera todo una patraña de un grupo de prisioneros, que ha instaurado el miedo en la sociedad penitenciaria con mentiras del más alto nivel.

No, no es una mentira, yo entré con él, aquel veintiuno de noviembre de mil novecientos setenta y cinco, y en mi última semana en este infierno, he decido desenmascararlo y que caiga todo su imperio, que construyó, gracias a mí.

LA CELDA 34, ¿QUIÉN SOY?


Antes de decirte quién es el prisionero de la celda 34, te voy a confesar quien soy, o mejor dicho, quienes éramos. En aquella fecha en la que entré en la cárcel, teníamos entre dieciséis y dieciocho años. Desde bien pequeños, ni si quiera lo recuerdo, el franquismo creó un programa de sucesión al gobierno para cuando muriese Franco, seríamos los nuevos ministros de un gobierno comandado por una autoridad, quién sería Juan Carlos de Borbón, nombrado en el sesenta y nueve por el Caudillo.
El franquismo, tenía que hacer de nosotros unos acérrimos a la ideología, unos buenos gobernantes con las ideas claras, capaces de tomar las decisiones más duras cada uno en su ámbito. Esas decisiones incluso podrían llevar al pueblo nuevamente a la guerra, y habían conseguido que por nuestras venas circulase frialdad. Franco, nos definía cómo auténticos depredadores, incluso se apreciaba su temor a que en sus últimos años de vida, le arrebatáramos el poder.

Para tenernos domados, nos agasajó continuamente con palabras, actos y numerosos bienes, incluso con herramientas de Estado para garantizar siempre nuestro futuro, hasta en la peor versión del mismo. Pero todo esto, para el preso de la celda 34, no fue suficiente y amenazó de muerte a nuestro creador. Eramos conscientes del poder que habíamos llegado a adquirir, hasta el punto de si queríamos, estar por encima del mismísimo Caudillo.

La legalidad que habían creado a escondidas sobre nuestra entidad, nos activaba como organismo cuando un tercio de nosotros cumpliese los dieciocho años y empezar a trabajar con Franco para adquirir experiencia, y así era ya.

El problema, y que no lo habían contemplado, es que una de nuestras normas contemplaba la viabilidad de revocar al gobernante, y hacerlo de cualquier manera sin represalias legales. En resumen, teníamos manga ancha para hacer lo que nos diese la gana.

La celda 34 ¿Quién soy?

Franco, en su lecho de muerte y estando nosotros presentes, le confesó a Juan Carlos de Borbón el temor de nuestra existencia, su mayor error, ya no éramos depredadores, sino carroñeros.
Juan Carlos, ya Rey de España, tomó su primera medida, borrarnos del mapa, realmente no era así, de cara al pueblo no existíamos, así que la acción de borrarnos era bastante sencilla. Nos mandó a todos a prisión de por vida, sabía que desde prisión no podríamos hacer nada, y que todo lo que dijésemos entre rejas, nos tratarían de locos, además, cuantos mas años pasasemos en prisión, si salíamos, más difícil sería retomar nuestra obra para la que habíamos sido creados.

Con sus ansias, producidas del miedo que nos tenía, por mandarnos a la cárcel sin levantar sospechas en el pueblo, no revocó las normas sobre nuestra entidad ni si quiera la entidad como tal. E incluso no nos expropió de nuestros bienes y dinero, regalos del ya muerto dictador.
Ese era yo, el futuro ministro de educación encarcelado, ahora, ahora solo soy un hombre, deteriorado por la vida carcelaria, de sesenta y tres años.
No sé nada del resto, ya que nos separaron en prisiones distintas, a excepción del de la celda 34, quien alcanzó el máximo poder en la cárcel con mi ayuda.

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Alejandro Barriendos AdministratorContributor

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4 Comentarios

  1. Rosa María Jimenez Marzal

    ¡muy buen relato! pero… ¡vale de tanta intriga! ¡quiero saber ya quién es el de la celda 34! Es ficción… pero no sería nada extraño que pudiese ser real

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  2. oscarprt

    Muy bueno, por favor sigue… Que intriga!!!

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