SOCIEDAD HIPÓCRITA

Estoy harto de que las redes sociales dirijan nuestras vidas, ahora todo es una constante falsedad, convirtiéndonos en una sociedad hipócrita. ¿Cuántas sonrisas en historias y fotos de las redes son verdaderas? Que bien queda decir que eres activista del colectivo LGTB por las redes sociales, y luego no mover ni un pelo en la vida real por la lucha de esos derechos, o por ejemplo, defender la causa del cambio climático colgando un video que es capaz de hacer que te replantees un cambio en la vida para poner tu granito de arena, pero, a la hora de la verdad eres incapaz de acordarte ni si quiera de ese video.

También está el típico que cuelga lo feliz que es con su pareja, cuando verdaderamente lo que hay detrás son discusiones, enfados e infidelidades. Es increíble que desde la pantalla de nuestro móvil podamos crear una falsa vida idílica, hasta tal punto de poder llegar a ser envidiables. ¿Realmente conseguimos algo? Esta es la gran pregunta, la sociedad ha llegado a un punto en el que las redes sociales pesan mucho en el día a día, hasta tal situación de que hay gente que cobra con esta práctica y hace que otros se vean motivados a alcanzar esa meta. 

El resultado ante este estilo de vida es que ya no sabemos distinguir lo que es verdad de lo que no, incluso aquellos que verdaderamente exponen su vida tal y como es, con experiencias negativas, son criticados por esos hipócritas argumentando que quieren ganar seguidores dando pena, ¡ah! pero ¡quizá sea cierto!, porque verdaderamente creo en la existencia de gente tan retorcida de usar una experiencia triste o traumática, real o mentira, para ganar seguidores.

Todos soñamos con una vida que derroche felicidad e incluso es alcanzable para todos, sin duda, querer hacerlo a través de una red social creando ese sueño como realidad sin serlo, no es la mejor manera para alcanzar nuestra felicidad, lo que me lleva a pensar que existe “nuestro yo real” y “nuestro yo social”.

Paula, cuenta con un perfil en las redes que fomenta la colaboración con comedores sociales y donde demuestra que contribuye económicamente con donativos para ayudar a países del tercer mundo, tiene un montón de seguidores que aplauden sus gestos solidarios. Ademas lleva una vida socialmente activa, con muchos amigos, viajes y una gran cualidad familiar.

Ayer colgó una historia con su perro en el parque, tan bonito, corriendo de un lado a otro mientras ella explicaba las enormes aportaciones que puede hacer a tu vida un peludo. La verdad que consiguió sacarme una sonrisa e incluso, al percatarme de como era ella, pensar en porque yo era tan insolidario. 

Sociedad hipocrita

“ Hoy esa pregunta que me hice ya se me había olvidado, entonces, también soy hipócrita ¿no? “

Toda esta reflexión viene a cuenta de que uno de sus mejores amigos, ha publicado esta mañana una historia donde decía “DEP PAULA”.

Paula era una chica que idolatraba una vida feliz y que ponía mas esfuerzo en crearla en las redes sociales que en serlo realmente, la verdad que jamas dono un euro ni ayudo en ningún comedor social, no tenía tantos amigos reales y por estar tan comprometida con las redes había dado de lado a su familia. Quería aparentar algo que no era, las ansias de llegar a ser lo que en su imaginación era la habían empujado a una depresión instantánea, la cual le vino grande al darse cuenta que no tenía a nadie a quién transmitirle ese sentimiento, arrastrándola al suicidio.

Esto me lleva a pensar, que hay que centrarse mas en vivir una vida que nos llene como personas y no en intentar que todos vean lo felices que somos, hay que juntar ese “yo real” con el “yo social” para no tener una fragmentación en nuestra vida, y así, evitar sentir un vacío imposible de llenar y no contribuir a una sociedad hipócrita.

 

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Alejandro Barriendos AdministratorContributor

La ilusión de la palabra

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